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La última sinfonía antes de comer- Domingo

Domingo- Lágrima

Agustina sintio un frío débil en su cuerpo desnudo para ser verano. Esto no solo era porque una vez más estaba sola en la cama. Sino que también había bajado la temperatura esa mañana. Tal vez, el clima suponía el fin de este amor fugaz de 7 dias entre Agustina y Alan.
Ella levantó la mirada para ver la hora de su celular en la mesa de luz, y allí encontró una carta. en ella aparecía el nombre "Alan Santorini".
Agustina la tomó, se coloco la sabana encima y se dirigió hacia su piano a sentarse cerca de la ventana. Allí leyó lo que su chef le escribió:
"Agustina:
No me gustan las despedidas. Pero necesitaba decirte, que sos la mujer que más cosas me hizo sentir.
Desde que entraste al resto. Me inspiraste a cocinarte cada plato con una pasión imposible de describir. Este don que creia apagado, me lo avivaste vos.
Pero te digo algo más, todos esos platos que te hice en estos días, no los haré mas ni aunque me apunten con un cuchillo. Esos platos ya son tuyos.
Pondré a Chopin en mi cocina para mantenerte viva en mi corazón. Se feliz con tu talento en el piano. Sos un mar de sentimientos en cada nota.
Besos. Alan"
Agustina largo dos lágrimas que cayeron en simetría por su cara. Se levantó de allí, dejo la carta sobre el piano, y volvió a su cama a dormir hasta que el día terminará. Los domingos siempre serán trágicos.
Coloco el compilado de Chopin en el celular y se fue dormitando, hasta que cayó en un sueño profundo.
Sentía aromas a lo lejos, escuchaba sonidos de su pkano en su sala. Se levantó como pudo y se tapó con la sabana. Al llegar a la sala, observó de un lado a Alan en su piano, tocando las notas mas hermosas de chopin. Y en la cocina, se estaba asando en una sarten un churrasco en su jugo.
De pronto sonó una alarma en el ambiente. La alarma de incendio?. Agustina abrió los ojos, y se encontró en su cama. La alarma de su celular sonaba. Todo habia sido un sueño. El olor de la comida provenía de afuera. Su estomago crujía. Pero no quería saber más nada con la comida. Esa relación ya había terminado para ella.
Era pasado el mediodía, y ella no había comido nada. Se puso un pantalón y una remera. Se fue al baño a lavarse la cara, y salió de allí con un peine acomodándose  pelo mientras se dirigía a la cocina.
Allí abrió la cafetera, sacó la leche, y se preparo una lágrima. Al terminar de hacerlo, se llevo su pequeña taza a la silla del piano, y miró por su ventana. En la ciudad, transcurría el día que ella más deseaba olvidar en su vida.
Dejó su lágrima encima de la carta de alan que seguía en el piano. Y allí, cerró sus ojos para sentir el calor y relajación de ese pequeño café en su interior.
Acomodó sus manos, y comenzó a tocar sin abrir los ojos Andante Spianato en G mayor. En cada nota, la angustia recurría su garganta. Hasta que, soltó lágrimas con sus ojos cerrados sin dejar de tocar.
Estaba entregada a la emoción, y la dejaba ser a través del piano.
Ya era una nueva mujer, que sufria las consecuencias de haber dejado su obsesión atrás. Pero ella, amaba a Alan. Y no pudo decírselo en ningún momento. Ese amor fue tan pasajero, como la comida que el le sirvió cada día.
De pronto, vibro su celular en la isla de la cocina. Secándose sus lágrimas, se acercó a el y observó un mensaje de "Alan Santorini":
"Estoy abajo. Que cenamos esta noche?.
Mi sueño puede esperar,el amor no. Quiero ser feliz con vos.
Te necesito. Tu chef Alan"





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